Muelle y palapa Holbox

Despertar en Holbox

Viajar siempre ha sido algo inherente en mi vida, cuenta la leyenda (más bien mi abuela) que a los 17 días de nacida estaba en un avión de Caracas a Maracaibo, donde conocí a mi abuelo y al resto de mi familia. A lo largo de mi vida pude viajar hasta el cansancio y vivir en varias ciudades en Venezuela y tuve la suerte de poder salir del país desde pequeña.

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La casa de mi infancia

Tratando de quedarme dormida llegue a un lugar donde hacía años no llegaba, como siempre, pensando en la inmortalidad del cangrejo la mente divaga, hace ver un futuro idílico, un presente paralelo (el que habría sido de mi si…) y algunas veces se va hasta el pasado remoto y eso es lo que me sucede ahora.

Mi infancia temprana transcurrió en una enorme casa en un ex-campo petrolero de la Shell (si, la Shell) en La Concepción, alias Macondo, un pueblo que se negó a morir. Viví en una casa con ventanas enormes y que mis abuelos reformaron y cambiaron mucho -mi casa no era igual a las demás casas del campo O´Leary- tenía 2 entradas (una peatonal y otra vehicular) un garage diferente al de las otras y más habitaciones que las demás casas que compartían casi el mismo diseño. Era hermosa, blanca con rodapies negros adentro y azul celeste afuera, terracota en las caminerías y el “porche”; granito blanco en la sala “de visitas”, el comedor, la cocina(un raro híbrido con 2 estufas, 3 neveras, demasiados gavinetes de formica y una mesa enorme) y en el cuarto de mi abuela y el de mi abuelo. El resto de los cuartos tenían un piso de linóleo marrón bastante feo en verdad y recuerdo que todos los cortineros y la carpintería en general la hizo mi abuelo (en la casa había un cuarto de carpintería de abuelito).

Recuerdo los jardines enormes, con más matas y arboles de los podré nombrar jamás (la jardinería y yo no combinamos), el jardín de en frente, el patio de atrás, el gallinero, el compostero, el jardín xerófilo, las matas de plátano y los tulipanes(tulipanes en La Concepción, más raro imposible), los columpios con arena de playa (para que Fabian, Denissa y yo no nos matáramos), recuerdo el cielo raso que era “moderno” y no el de las otras casas que era de cartón piedra, la vitrina donde mi abuela mostraba toda su vajilla y cristalería fina (y donde el bebe Fabian una vez se escondió por horas) los ventiladores de techo, el baño azul, el baño verde, el baño del cuarto de costura, la lavandería donde me bañaban(tenía las mejores bateas de la vida) las matas de trinitarias, los “cacures” que se formaban en las trinitarias, la mata de granada, hacer bicicross por todo el patio -abuelita hábilmente hizo canaletas de riego que hacían subidas y bajadas- las cortinas, los closets, los tanques de agua donde Fabian y yo hacíamos figuras con “barro”, la pipa de metal donde nos metíamos cuando nos bañábamos en la lluvia -bañarse en la lluvia en el campo- la mecedora, las lianas del “matapalo”, la esquina del patio de atrás donde quemaban las hojas de los árboles y el monte, hablar con Nirelys y con Kenny a través de la cerca, pasarnos por un hueco en la cerca hasta la casa de mi tía Chabela.

“Migchazu” -el nombre de la casa, Migdalia(mi mamá), Chabela (mi madrina) y Zully(mi otra madrina) en la pared izquierda al lado del portón chiquito en hierro forjado pintado de negro y en caligrafía corrida- mi casa era hermosa, mi casa fue el lugar más genial sobre la tierra y donde yo tuve una infancia completamente feliz… no he visto esa casa en casi 10 años, no he entrado en ella hace 20 y sin embargo en este momento quisiera poder tocar al portón y pedirle permiso a quien quiera que viva ahí que me deje pasar 10 minutos y volver a recorrerla, ver lo que pueda quedar de ella y pararme en el lugar exacto donde estaban las cosas… se me fue la infancia y acabo de darme cuenta.

El amor es un juguete rabioso

¨Baldía y fea como una rodilla desnuda es mi alma¨ dice el desamparado Astier, personaje de ¨Juguete Rabioso¨, novela de Roberto Arlt. El amor es una emoción muy particular, un juguete rabioso -parafraseo- que puede subirnos a los cielos y también enterrarnos en el averno. Pero nadie -y esto es casi universal- nadie se resiste a probarlo. Aunque sepa a la miel más dulce. O a mierda.

Ahora, pienso en todas las formas de cortejo que han existido; las baladas labriegas campesinas, las cartas, las notas perfumadas, las celestinas, las danzas, serenatas, todos rituales claves para el emparejamiento; hoy han sido sustituídos por el celular. El celular es el gadget del amor y el desamor. Un SMS dice más que mil imágenes. ¿Alguien se ha preguntado por qué los videoteléfonos de 2001: A Space Odissey nunca han pegado? Porque ¿quién quiere que le vean las ojeras, los pelos mal peinados o la papada antisexy cuando un SMS te convierte en alguien misterioso, romántico, preciso y espontáneo?. En el mundo del SMS no importa la gramática, la sintáxis ni la ortografía. El teléfono celular es el aparato más íntimo de nuestra época. El simple y puro hecho de tener el número de alguien significa, en muchos casos, que ha habido un entendimiento. Sin embargo -y desearía que muchos lo entendieran así- no quiere decir que todos los números en la memoria de nuestros teléfonos sean de posibles revolcones. No no no. Sólo los de ciertas personas o, en el caso de los enamorados, de una sola. Es el que pones en el speed dial-up, al que colocas ese nombrecito especial, el que tú y esa persona emplean cuando usan el baby talk (asuman su barranco, todos hemos hablado alguna vez como niños idiotas). ¿Cuantos ¨te amo¨ se enviarán por SMS al día?. Las frecuencias celulares están llenas de esos pedacitos de intimidad. U2 tenía algo de razón al escribir aquello de ¨faraway, so close¨. El amor es maravilloso, ¿no?.

Y al mismo tiempo digo, el amor es un juguete rabioso. No puedo ya enumerar la cantidad de parejas que han terminado a través de un celular o por culpa de éste. Hace poco leí que en Polonia, en 1 de cada 3 juicios por divorcio se presentan SMS como parte de la evidencia. Una mujer celosa espiando el celular de su novio es la pesadilla de una de mis más antiguas amigas, por ejemplo. He conocido a personas a quienes los cortaron por celular, con un frío y maldito SMS. O a otra cantidad de idiotas que acosan a la gente vía SMS. De hecho, gran parte de la logística post-ruptura de mi última relación se manejó por SMS, incluso peor, a través del celular que -en aquel entonces- regalé con mucho amor.

Y no es que reniegue del hecho de haberle regalado un celular a mi ex. Nada de eso. Regalar algo, supongo, debe ser sólo el recordatorio de que, por suerte, no estamos solos. Y digo ¨por suerte¨ no en un tono patético ni conformista -como diría Kundera- ni porque piense que estar solo, en ciertos momentos, es bueno y sano; sino porque en verdad lo creo. Así como por ejemplo el 14 de Febrero hay exceso de locura y se regalan celulares a diestra y siniestra; también hay demasiada gente sola en el mundo.

Les digo, estar acompañado es un asunto de buena suerte, sólo que el amor, es un juguete rabioso.

Marhu y La Mala Fe (rescatado del myspace)

Ultimamente he pensado mucho en los conceptos de ¨Buena Fe¨ y ¨Mala Fe¨ por diferentes motivos. Esto me ¨angustia¨ como dicen los preceptos existencialistas; esto, claro esta, no quiere decir que me halla desempolvado del todo los libros de Sartre y Keirkegaard que solia leer en mi adolescencia; pero ciertamente, muchos de los eventos recientes de mi vida estan intimamente relacionados con estos conceptos. 

Según esta tradición ideológica -el existencialismo-, el ser humano es libre y está situado ante los valores que desea elegir. Pero la teoría es más radical. Para él no existe ningún valor premio a la libertad. El valor premió deriva de su realidad de que es elegido, en lugar de ser elegido por que es valioso. Si -yo- elijo la honestidad entonces la honestidad  tiene valor para mí. Si mi conducta demuestra que dijo la deshonestidad es porque valoro la deshonestidad. Todos los valores que conducen mi vida solo existen a medida en que yo los he elegido libremente. Descubrir esta verdad genera angustia. Cual Felipe -personaje de Mafalda- dejenme disfrutar mi angustia…

Dijo Sartre: ” como ser por el cual existían los valores; yo soy injustificable, mi libertad se angustia por el fundamento de los valores por que mi misma no tiene fundamento”

Por supuesto, mucha gente dijo que sus valores se fundaban en una autoridad independiente, como la tradición nacional…bullshit! La mayoría de las personas escapan de la angustia en un acto de “mala fe”.  Sartre define esto como una huida de la angustia, la libertad y  la responsabilidad. Implica mentirse a uno mismo. Cuando le miento a alguien le escondo la verdad. Cuando me miento a mi mismo, me escondo la verdad. Pero esto es imposible, pues si ya la poseo, no me la puedo esconder.  El proyecto de la mala fe es autodestructivo, aunque es, según Sartre , una característicacentral de la conciencia humana. Sartre ilustra la idea de mala fe con el caso de una joven que sale a cenar con un hombre al que apenas conoce ( tendrán que perdonarlo si utilizo un ejemplo tan anticuado con respecto  a lasrelaciones actuales entre los sexos). Cuando la mujer se sienta en la mesa junto a su compañero, sabe muy bien cuales son las intenciones de él y sabe que pronto tendrá que tomar alguna decision al respecto; pero la posterga porque no quiere sentirse urgida. Desea disfrutar de ese momento. Cuando él le dice: ” te encuentras tan atractiva…”, ella le quita a esta frase su connotación sexual. Según Sartre ella lo hace, porque no sabe que es lo que quiere. Ella sabe que su compañero la desea y se decepcionaría si así no fuese; pero el deseo “desnudo y cruel la humillaría y la horrorizaría”. No quiere ser un mero objeto sexual de su compañero, pero tampoco quiere ser objeto de su deseo. Entonces su amigo le toma la mano. Ella tiene que tomar una decisión. Si deja su mano en la de él, eso significa que le da su romántico consentimiento; si la retira, quiebra “esa inquietante e inestable armonía que le da al momento todo su encanto”. Su propósito es demorar la decisión todo lo posible. Sartre dice que nosotros sabemos lo que pasa después. (¿Lo sabemos?). Ella “deja su mano en la de él, pero hace como si no se diera cuenta”. Y no se da cuenta porque se pierde así misma en su propia espiritualidad al debatir la vida, su vida, como la de unapersona pura.Dice Sartre: “su mano reposa inerte entre las cálidas manos de su compañero, sin consentir ni resistirse… convertido en una cosa”, y concluye: “diremos que esta mujer obro de mala fe” ¿Por qué? Porque niega su deseo. Porque niega su propio cuerpo y su “yo”. A esta modalidad de la mala fe, Sartre la denomino “ser-en-el-mundo”, o sea, elegirse como “presencia inerte, como objeto pasivo entre otros objetos”. Esa mujer eligió que su cuerpo fuese una cosa, y lo mismo eligió su compañero. Lo hizo para huir de la responsabilidad por su ser pleno. A esto llamamos ¨hacernos los locos¨, o ¨dejar que todo fluya¨…el que este libre de pecado que lanze la primera piedra… Obramos de mala fe, cuando intentamos convertir al otro en una cosa con nuestra mirada. Pero estas personas pueden verse con mala fe a si mismas, si solo procuran ser lo que les dicta su rol. En rigor, un mozo no puede ser un mozo como una piedra es una piedra.  El “ser-en-si” nunca puede convertirse en una cosa por mas que quiera. Sartre pudo caracterizar a la buena fe (la existencia autentica humana) con una formula particularmente desconcertante.Una libertad que se quiera como tal, es en rigor un “ser que no es”. Elige como ideal de ser “el ser lo que no es y el no ser lo que es” .Mi libertad, ciertamente, es mi bien mas preciado y en base a esto pienso, siento y actuo…¿o no? Ahora hablemos de la sinceridad. Este concepto me ha rondado la mente estos dias, sobretodo en el sentido que yo, en mi misma, soy sinceridad pura; es mi gran verdad, mi gran orgullo, mi mayor virtud y mi mayor defecto.“La sinceridad, escribe Sartre, es la antítesis de la mala fe” Parecería entonces que empeñarse en ser sincero seria “obrar de buena fe” pero no es así. Tratar de ser sincero, es tratar de ser lo que uno es. Ciertamente, cuando soy sincera -lo cual es ocurre basicamente todo el tiempo- intento obligar a los otros a que tambien lo sean conmigo, de modo de no encontrar sorpresas desagradables en el camino…a veces desearia que los demas pensaran de la misma manera… Sartre tambien hablaba de ¨los otros¨ y quiero aclarar que esos ¨otros¨ no son los mas que las personas que nos rodean y como cambian estos nuestra concepcion del mundo y como influyen, si se quiere, en nuestro actuar de buena o mala fe.Fenomenológicamente la aparición del otro me obliga a reinterpretar mi mundo. Antes de que lo viera, el pasto, el camino, el banco, estaban ahí “para mi”. Ahora estan “para él”.Si he convertido al otro en mi objeto por el solo hecho de mirarlo, ¿Por qué me resulta tan amenazador? (¿Por que una simple verdad hacia mi le pudo parecer tan amenazadora en relacion conmigo?) ¿Por qué dice Sartre que el infierno son los otros? (¿Acaso soy -o fui- su infierno?)Ello se debe a que la libertad del otro desestabiliza mi libertad (Ahora comprendo el por que). Yo lo objetivo pero no puedoobjetivarlo totalmente, pues se que su mirada me objetiva a mi (me convierte, por decirlo de algún modo, en una piedra, en una cosa).Ver al otro es comprender la “permanente posibilidad de ser visto  por el otro”. A esta posibilidad concreta la experimento como vergüenza.  ”Me veo a mi mismo porque alguien me ve”. Me descubro en mi vergüenza. Soy responsable del yo que me ha sido revelado por la mirada del otro, pero este yo tiene su fundamento fuera de mi. Tan pronto siento vergüenza, huye mi libertad y se me revela la libertad del otro, estoy obligado a reconocerme no en mi aspecto de ser-para-si, sino en mi aspecto de ser-en-si .La vergüenza no es la única emoción engendrada por el encuentro con el otro.(no me siento particularmente orgullosa de esto, siendo esa mi posicion)El otro también puede sentir temor. De hecho en su origen el temor es, precisamente, el descubrimiento de mi ser como objeto (Bravo, fui un objeto). Me muestra mi ser-para-si (donde soy todo mis posibles ) es transcendidos por posibles que no son mis posibles.Lo opuesto de la vergüenza es el orgullo, pero desde el punto de vista estructural ambos son semejantes. En los dos casos, veo en el otro a aquel del que obtiene su ser  mi objetividad. Si el otro me ve hermosa, fuerte o inteligente, acepto orgullosamente que solo soy eso (que bien lo describe). Por ende, el orgullo es una forma de la mala fe, como lo es su pariente cercano la vanidad. Cuando procuro influir en el otro con la objetividad que me ha dado, caigo en la arrogancia(Si, pecado culposo). Sin embargo, ni aun con el orgullo o la arrogancia, recupero el yo que entregué al otro(I´m totally and completely fucked up). Aqui me detengo…el otro se lleva una buena tajada, de mi buena y de mi mala fe. Se que todo esto parecen ideas aisladas, sin ton ni son…aunque lo tienen…no es un ataque de intensidad adolescente, es suna reflexion de algunos eventos que no habian tenido precedente en ¨mi¨ historia…como diria un viejo amigo(you know who you are) …c´est tout!